La casa del loco


El joven recién salido del parvulario médico entro en la sala con aparente normalidad aunque la inestabilidad de sus intestinos le recordaba el nerviosismo que trataba de paliar. Sus pasos firmes denotaban seguridad en contraste del brillo de las gotas de sudar que resbalaban lentamente por la frente. Había cruzado el pasillo años atrás en calidad de estudiante, con entusiasmo y ansia por aprender todo lo posible. Entonces no tenía responsabilidad alguna sobre los pacientes, por lo que su fe en sí mismo era portentosa. Sin embargo ahora el peso de las negligencias caería sobre su persona. Nunca antes se había sentido tan atemorizado como en el aquel momento.

La enfermera de guardo lo saludo sin apenas fijarse en su presencia. Unas palabras amables hubieran paliado el ánimo del joven, podría haberle dicho que se sentía afligido para quitarle hierro a la angustia nerviosa que lo hacía buscar los baños constantemente. Recorrió el vestíbulo vacío a primeras horas de la mañana cuando el sol perezoso se niega a dar el comienzo a una nueva semana. Las paredes estaban cubiertas por amplias cristales a ambos lados de la pared dando una sensación de falsa amplitud. Se vio andando con la bata blanca sobre su ropa de calle y supo que había conseguido el sueño por el que tanto había luchado. Era un doctor al fin.

Sus pasos le dirigían a su despacho donde podría echarle una ojeada a los expedientes médicos de los pacientes heredados por su predecesor. Encontraron su cuerpo colgado de su propio cinturón en la segunda planta que colindaba con el jardín, no era e primer médico que moría en extrañas circunstancias en los últimos años, pero ninguno delos casos tenía relación entre ellos. En cuanto a las circunstancias de la muerte o a la proximidad de las mismas. Su mente le nublaba el juicio, desconfiando de todos los datos y casualidad. Y si él era el siguiente, pudiera ser que todos los muertos hubieran sido asesinados por algún paciente receloso ante el tratamiento.

Eran todo fabulas sin fundamento imaginadas por el nerviosismo. Bloqueo sus sentimientos, su carrera profesional le esperaba y los informes serían el primer paso para ganar confianza. Subió por las escaleras que rodeaban el jardín para subir al segundo piso cuando vislumbro una sombra detrás de la fuente central que daba al espacio un toque fresco en los cálidos días de verano. Estaba detrás del delfín de mármol que emanaba por la boca un pequeño chorro de agua. Miraba el agua del estanque sin moverse, parecía prolongación de la estatua. ¿Sería un paciente? Y si lo era ¿Cómo había llegado ahí? Estaba claro que desde el largo vestíbulo y el pasillo estaba completamente cubierto por e imponente delfín, pero era inusual que ningún guarda hubiera dado con su presencia a lo largo de la noche. Sus piernas comenzaron a temblar y la seguridad de sus pasos se desvaneció dando paso a una inestabilidad propia de un anciano conforme se acercaba a la aterradora figura.

Sin embargo, la sombra, que poco a poco se volvía nítida y tenía forma de mujer no se percató. Ni se movió, permanecía inmóvil, impasible ante los acontecimientos que sucedían a su alrededor. Sus ojos estaban fijos en su propio reflejo. Ni siquiera se inmutó cuando el joven se sentó junto a ella en el estrecho borde que daba al estanque.

-¿Por qué estás aquí? Preguntó mientras la sombra tornaba la mirada con la agilidad de un felino y sin pestañear se quedó impertérrita mirándole fijamente a los ojos. Parecía estar leyendo su alma con los ojos hasta que pestañeo.

                -Me parece una pregunta indecoroso humilde caballero. Pero responderé. - Espeto tranquilamente mientras acomodaba su delgado cuerpo para estar más cómoda. De modo que toda su atención estaba a la disposición del principiante doctor.- Mi padre quería hacer de mí una versión de sí mismo. Mi madre por el contrario, se centró en tratarme de convertir en una mujer decente como su abuela. Mi tío, sin embargo se esforzó para que no les hiciera caso y tratara de buscar una vida tranquila, al estilo de los monjes budistas. Mi hermano, siempre me animó para hacer de mí una atleta. En el colegio, mis maestros de filosofía, lengua, matemáticas y ciencias se esforzaron por enseñarme cuanto sabían para hacer de mí una versión de su propio reflejo.

                -Es por eso por lo que pasas la noche en vela… Se preguntó en voz alta e joven, cuyos nervios desparecieron una vez escucho la serenidad de la paciente.

                -No, ni mucho menos, esa es la razón de mi llegada a este lugar. Aquí puedo ser yo misma. Lo veo más humano, me hace feliz.- Sonrió soltando un pequeña y tierna risa.- ¿Y tú, qué es lo que hacer aquí? ¿Has venido conducido por la educación y los ejemplos familiares?

                -No… Vengo en calidad de médico señora.- Tartamudeo asombrado de su reacción. Algo dentro de esas palabras le había descompuesto por dentro. Como desmontar un puzle de mil piezas.


                -Aaaah… Ya entiendo, eres un loco de los que viven en el manicomio del otro lado.

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