SODOMA Y EL CUBICULO SIN LLAVE



Mucho tiempo ha pasado desde que volví de aquel lugar, la gran ciudad.  Tan grande e impura que le llamaremos Sodoma. Podría haber ido a Gomorra, pero me parece un nombre de segundón. Nadie elegiría a Gomorra como ciudad de promoción. Elegirían Sodoma, una superficie llena de gente infecta tiene la capacidad de absorber la vida. Literalmente, cuando más tiempo pasas merodeando sus calles o compartiendo un habitáculo roñoso sobre las vías de un intrincado mapa de túneles. Menos vidas tienes. Pero aún no es momento para contaros las consecuencias de mis decisiones.  Que son lo menos curiosas.  Ya nos reiremos un rato de mí. 

Todo empieza el día en que me aburro y decido comprarme un billete a Sodoma.  En Hyrule no hay trabajo y esperanza.  Maldito reino.  Por qué no probar en otra ciudad, y puestos a elegir una, Sodoma. Podría haber sido cualquiera, pero Sodoma tiene un nombre histórico. Quién no ha oído hablar de Sodoma, la ciudad del sexo y el exceso.  Sé lo que pensáis.  Yo pensé igual.  Primer error…  Todo el mundo sabe que le pasó a Sodoma…  Pero tranquilo ignorante interlocutor, que yo me aburro mucho y te lo puedo explicar.  Dios chasqueó los dedos y destruyo la ciudad.  También a Gomorra.  Pobre segundón, ni Dios la quería.

Os habréis figurado cual era mi objetivo. (Tener una vida sexual más activa) Trabajar y aprender un idioma interfeudal. Si has acertado la segunda.  Joder, eres muy bueno, metete a sabueso privado.  No te conviertas en un perro del estado. Mi plan era bastante sencillo. Aprender todas las lecciones que me ofrezca la aventura, y utilizar mi dinero como base durante un tiempo mientras encontraba trabajo y daba clases particulares del idioma.  Había dado muchas vueltas durante los dos últimos años entre matorrales en las praderas de Hyrule y había logrado ahorrar suficientes rupias para malvivir un mes. Quizá dos. O tal vez un coche me llevaría antes de tiempo. No lo sé.

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